De pie...

Claudia Ruiz

Merlo, Pcia. de Buenos Aires

Todo esto comenzó casi por casualidad, a una amiga le había salido algo mal en su mamografía y debía repetirla, a las pocas semanas noté algo duro en una mama y fui al medico solo porque el tema estaba instalado muy a flor de piel.

Ya la primera mamografía daba nota de todo lo que vendría. Fue correr contra reloj y en mi cabeza no dejaba de pensar que tenía una nena de 4 años que me necesitaba acá y, por sobre todo, me necesitaba viva.

Desde el principio me visualicé como una palmera, mi cuerpo y mi cabeza se iban a doblegar tanto como pudieran frente a este huracán, pero de una cosa estaba segura: no me iba a partir...y así fue.

La caída del cabello no costó tanto como pensé. A mi hija le costó un poquito más, pero con el paso de los meses se acostumbró. Pasaron las sesiones de quimio, los rayos y, de a poco y con paciencia, la vida se fue acomodando. No puedo no sentirme fuerte y viva cuando me veo en los ojos de mi hija.