Seguir en el tren

Mercedes Álvarez

La Matanza, Pcia. de Buenos Aires

Hoy, en esta circunstancia de vida, recuerdo a mi viejito querido cuando de sus tantas lecturas repetía “La vida es como viajar en un tren del cual tendremos que bajarnos en alguna estación definitivamente". Me pregunto en qué estación estaré.

2001, control anual mamográfico, “microcalcificaciones con tendencia a la agrupación”. Las palabras del médico fueron que debía operarme sin perder tiempo.

¡Ah! Cuantas sensaciones encontradas de miedo, angustia, desconcierto. Pero ahí estaba mi madre para acompañarme, contenerme. Todo era diferente, hasta descubrí el verdor de los árboles y sus matices.

En quince días fue la intervención y esperar otros tantos para conocer resultado de la biopsia. Es decir, toda una eternidad. Resultado benigno. Momentáneamente había bajado del tren.

2003, control anual de rutina. Birad 4 sospechoso. Nueva intervención en la misma mama. Sentí que me faltaba oxígeno espiritual, mental. ¡Ay, otra vez! Pero volví a acomodarme a la situación, porque de eso se trata, de enfrentar el momento. Esperé durante 10 días o diez siglos, el resultado de un fibroadenoma benigno. Sí, otra vez bajé del tren, pero momentáneamente.

2009, un nuevo llamado de atención en el control anual pero ahora en la otra mama. Quizás nueva operación. Punción por técnica mammotone y esperar el resultado, que fue benigno. Había bajado del tren pero volví a subirlo.

2017, control anual de rutina nuevamente sospechoso. Alcanzo a divisar en la pantalla frente a la camilla cuando me realizaban la ecografía mamaria una mancha oscura y ahí presentí que algo no estaba bien.

Al retirar el resultado de la punción abro el sobre y leo la maldita palabra: “carcinoma”. Palabra que descoloca, desanima, desorienta. Un tsunami cubrió mi espíritu, mi mente, mi cuerpo, mi alma. ¿Y ahora qué?  No lloré, pero caminé, caminé y caminé. Partes de películas de mi vida fueron apareciendo: mi padre leyendo el diario todos los santos días, mi mamá preparando quichicientos platos, el día que el amor de mi vida se casaba con otra, mi hijo y sus personajes fantásticos, mis nietos diciendo “abu, abela”.

La intervención quirúrgica ya pasó, ahora viene otro proceso a superar como la quimio, radioterapia y hormonoterapia, según las indicaciones del oncólogo. Sí, es otro sacudón emocional, pero que hay que superarlo porque de eso se trata, de continuar la lucha. Hay deseos y proyectos de vida.

Hay que tener presente siempre que gracias a los controles, los profesionales y los seres que amorosamente nos acompañan, podemos seguir el viaje.

Sí viejito querido, estoy aún en el andén, pero voy a seguir viajando en el tren.