Esperanza

Graciela Spotto

Granadero Baigorria, Pcia. de Santa Fe

El primer aviso fue un dolor punzante en el pecho y al tiempo amanecí con una de las mamas endurecidas. Así fue que visite al ginecólogo, quien le restó importancia, dijo que quizás era un dolor muscular o mis hormonas.

Comenzaron los estudios que mostraban un nódulo pero no definían un diagnóstico y fue necesaria una biopsia que fue para el médico la herramienta que lo ayudó a decidir una cirugía que yo no estaba dispuesta a afrontar. Esa no sería mi primera visita al quirófano por nódulos mamarios, aunque siempre resultaron benignos, y sin embargo yo no sentía que esa vez iba a ser igual.

Pensaba en cómo afrontaría el después de la cirugía, cómo me vería, cómo me verían mis hijas, mi marido, y desde ese momento la tristeza fue mi compañera, porque pensaba en como harían ellos para acompañarme yo no quería traerles esa preocupación, ya que mis hijas estaban armando sus vidas y sentía que les sacaba tiempo.

¿Cómo haría con mi vida matrimonial? ¿Cómo me mostraría? ¿Cómo haría para aceptar este desafío que se le planteaba a mi cuerpo?

Entre estudios,  visitas médicas, miedos y emociones encontradas llegó la cirugía. Me contaron que pasó una hora para que el médico le dijera a mi esposo que no era un buen resultado y que por eso se extendería la intervención. Le explicaron todo el procedimiento pero él no pudo contener la emoción y se abrazó a mis hijas y juntos me sostuvieron y pudieron ser la razón por la que hoy sigo esperanzada.

Desde ese momento muchas personas conocidas y no conocidas se preocuparon y se ocuparon de que siempre recibiera una palabra de aliento.

Volví a mi casa, me senté al borde la cama, y mirando por la ventana hablé con Dios y me entregué a Él. Ese es mi consuelo desde ese día y mi fortaleza.

Aunque me costó recuperarme, traté siempre de nutrirme de las buenas noticias, el médico me confirmó que no iría a quimio y dentro de todos los malos pronósticos el mío fue leve y recuerdo este episodio en mi vida cada vez que veo en mi pecho una cicatriz. El tratamiento se extendió unos meses con la radioterapia y tomar el tamoxifeno de cada día que me asegura estar sana.