¿Por qué no a mí?

Liliana Elisabet Echegaray

Lobería, Pcia. de Buenos Aires

¿Por qué a mí? ¿Cómo no me di cuenta si podía palparlo? ¿Cómo no se vio en el control anterior? Me llené de cuestionamientos casi egoístas al conocer el diagnóstico. TRISTEZA INFINITA.

Dicen que los monstruos existen, viven en nuestro interior y se llaman emociones negativas. Lo cierto es que todas estaban dentro de mí en esta primera etapa: miedo, tristeza, culpa, apego, soberbia, envidia, enojo. ¡Estaba profundamente enojada conmigo misma porque no había notado ese bulto cuando era tan obvio! Se sumaban la ansiedad y el egoísmo: ¿Por qué a mí? Al pasar el tiempo reflexioné: ¿Por qué no a mí?

Pasamos a la consulta con el especialista, junto a mi marido. Las preguntas de rigor, y la indicación –entre otras cosas- de realizarme una punción. Luego, retirar los resultados. Le entregué el sobre cerrado al médico y esperé que lo abra. Me dijo lo que no quería escuchar. Me quedé helada. Dura, así me sentí. 

Una semana más tarde estaba operada. El tratamiento fue el de radioterapia. Pero en el 2008 apareció otra vez la enfermedad. Primero una biopsia y, después, la mastectomía. La recuperación física fue rápida, costó mirarme la herida. Mi marido se encargó de hacer la limpieza de los drenajes quirúrgicos, yo les decía: perfumeros. Es bueno reírse de uno mismo: una estrategia para ser feliz y pilar fundamental de resiliencia.

Hablar con otras mujeres que se habían sometido a mastectomías me ayudó a enfrentar estos sentimientos.

Llevar una vida normal luego de la cirugía que atravesé me fue posible. A mí me costó mucho decidirme a reconstruir la mama. La primera cirugía en el mes de julio de 2016 con excelentes resultados, la segunda en diciembre y dentro de días será la tercera. En cada pasito que di, muchas personas estuvieron alentándome, es por eso que estoy llegando a la meta.

Cuando escribís acerca de un tema tan significativo, afloran recuerdos sensibles y otros graciosos, como cuando la peluquera ignorando lo que pasaba, quería hacerme un cambio de look y yo pensaba en que tal vez iba a quedarme pelada. O aquella vez en que estando en el consultorio voló la prótesis por el aire cuando el corpiño se desprendió antes de que pudiera sujetarla. En contrapartida surgen otros hermosos que hacen que todo se pueda superar, me quedo con los viajes en familia, la compañía de Juli en Monte Caseros, la felicidad de Lucila en su cumple y el abrazo de Ignacio al regresar de su viaje de egreso. Destaco la importancia de practicar el auto examen de mamas y la realización periódica de controles para detectar cualquier enfermedad a tiempo.

A veces las cosas no son como quisiéramos que fueran, lo importante es regresar a nuestro interior porque es allí donde está todo lo que necesitamos. Apoyarnos en nuestros seres queridos con mucha fe y perseverancia. Aprender a vivir más despojados de lo intrascendente y poner el acento en lo primordial. Todo un desafío.

Mi historia con el cáncer de mama, termina así… FELICIDAD PLENA.