María, mi amiga que corre

Ana Fullone

Vicente López, Pcia. de Buenos Aires

María se levantó como cualquier día. Antes de su desayuno apurado, pasó por la ducha. Y fue en ese momento que palpó un bulto en su mama izquierda. No perdió tiempo y revisó en su agenda. Buscando, creo, una respuesta tranquilizadora... ¿cuándo había sido su último control? Desde ese momento todo fue rápido, en silencio y angustioso.

María es mi mejor amiga. Esa misma semana hizo estudios, biopsia y horas después le dieron la peor noticia. Recuerdo que la visité en su casa y palpé ese bulto. Era un bulto grande, las yemas de mis dedos quedaron sorprendidas. Era un tumor maligno pero estaba localizado. Actuó rápido, con el apoyo de su marido y sin comentarles a sus hijos y padres, se operó y comenzó radioterapia.

No fue fácil y hoy tampoco lo es. Ella sabe que esto es para toda la vida. Lo repite. Los controles y la medicación forman parte de su nueva rutina y reniega de su nueva realidad.

Hoy puedo decir que nunca la vi tan viva, tan despierta. Ahora María corre maratones. Cerca de los 50 años, corre. Y es muy buena corredora. Hoy María da menos explicaciones y se hace menos preguntas. María hoy vive.