Gigante pequeño

Karina Soledad Álvarez

Pcia. de Chaco

Mirada perturbada, hay algo que no deja que puedas sonreír con naturalidad mi pequeño... Tal vez el miedo a la respuesta.

Así estuviste durante el proceso, no decías nada pero soy tu madre y sé reconocer que hay algo que quieres preguntar. Vamos, hazlo. Aquí estoy, yo no voy a mentirte nunca. Imagino tu miedos, tu dolor mi pequeño; juro que jamás me hubiese gustado ponerte en esta situación...

Llegó el momento de hacer la pregunta, el silencio se apoderó de tu habitación por unos minutos. Te armaste de valor y la hiciste: “¿mami, te vas a morir?” No fue fácil hacerla, lo vi en tu mirada, mi pequeño gigante. Aquel brillo volvió a tus ojos con la respuesta: "será un proceso duro y largo, pero no voy a morir".

Nunca deja de sorprenderme tus actitudes, te pones la armadura de caballero, me tomas de la mano y sales ala batalla junto a mí. Me cuidas, me acobijas y te quedas a mi lado como lo hacía yo cuando eras un bebé. 

Aquel día que tomaste mi mano, cuando decidí  pelar mi cabeza, me dijiste las palabras más hermosas del universo "sos la mamá más linda del mundo, con o sin pelos”.

Los cambios físicos fueron fuertes, pero tus respuestas ante ellos siempre fueron increíbles. Me daban ese empujón que necesitaba, sentía mucho miedo de que se burlaran de ti por tener una mama así. Llegaron las crisis emocionales, las lágrimas incontenibles. Intentaba ser fuerte ante vos, pero no podía y me odiaba por llorar en tus brazos. Una vez más te pusiste la armadura, tomaste mi mano y me dijiste: “mami sos la persona más valiente del mundo, vos podes pelear esta batalla.”

Vos ahí, tan pequeño dándome lecciones de vida. Sujeté tu mano, te miré a los ojos y te dije: “no te preocupes, yo voy a salir victoriosa de esta batalla.”

A mi pequeño gran guerrero Teo, me diste fuerzas y mucha luz para salir adelante. ¡Te amo hijo!