Tocate las tetas, si tenés pelotas y si no también

Veronica Partarrié

Ciudad de Buenos Aires

Yo me las toco. Si! Me toco las tetas porque a los 22 años me encontré la primera pelota. Fui al médico porque me asusté, y aunque me contaron que no era malo lo que tenía me operaron y lo sacaron.

A finales de marzo, como todos los meses, me palpé. Pero esa vez fue distinto: descubrí que tenía una pelota nueva, diferente a las que ya tenía y que son “buenas”. En ese primer momento pensé, capaz es una de esas que nos salen a las mujeres cuando ovulamos, menstruamos o porque entró la luna en virgo y que después de unos días desaparece, pero no desapareció y cuando volvía tocarme la noté distinta, dura, rígida, sin movimiento. Me llamó un poco la atención por eso le conté a mi amor, Ale, lo que me pasaba y él me dijo que llamara al médico.

Tenía un control de mediados de diciembre y me tocaba el próximo en junio pero no esperé, así que me levanté un sábado por la mañana y fui a la guardia. Pero no fue suficiente, Ale me insistió un lunes de abril para que llame a Eduardo, mi médico. Esa consulta fue distinta a todas las otras y a los estudios que me había hecho rigurosamente cada 6 meses.

Ahí empezó la odisea. La eco y la mamo no dieron bien, la pelota parecía mala y un ganglio también, por lo que me tuve que hacer una biopsias.Esperar los resultados fue algo que se hizo eterno. Finalmente tuve los resultados que vaticinaban “Carcinoma”. ¡Baldazo de agua helada!

Si bien yo sentía desde antes que tenía algo en mi cuerpo que me quería sacar, tenía la esperanza de que no fuera maligno. Pero el diagnóstico estaba, así que había que actuar rápido. Una de mis amigas y su marido, que es médico del Hospital Alemán, me consiguieron un turno con un mastólogo. Ahí conocí a Federico.

Llegaba el día tan ansiado, me sentía contenta y tranquila, eso que me quería sacar hace unos meses ya no iba a estar en mi cuerpo. Pero como no todo siempre sale tan bien, el 7 de junio cerca de las 11 de la mañana falleció mi papá. Después de la operación, con el permiso del médico me fui a Concordia,mi ciudad natal, a despedirlo. Yo no les había contado ni a mi mamá ni a mi papá de este proceso. Después, de a poco, le conté a mi mamá, que me cuida como solo ella sabe hacerlo.

Entre duelo y espera de resultado de la operación esos días fueron feos, de llantos e incertidumbre parecía que nunca iba a llegar el diagnóstico.Pero un día llegó y fue otro shock: “cáncer de mama triple negativo invasor”con células agresivas, La buena noticia era que los ganglios estaban bien.

En el primer encuentro con Gonzalo, el oncólogo, hablamos un montón y me dijo: “acá la única que se salvó fuiste vos, vos actuaste rápido”. Y yo pensé: “esto no me va a ganar”.

Y hoy, feliz de terminar, parecía que nunca iba a llegar este momento. Pero llegó, y en lo único que pienso es en agradecer. Si bien me tocó una etapa terrible, también Dios me dio todas las herramientas para poder atravesar esto de la mejor manera que puede haber.

Lo que me gustaría que pase y por eso escribo la historia, es que cuando la termines de leer, hagas lo siguiente:

- que te toques las tetas y te fijes si tenés pelotas y si no también, y si notas algo que no te gusta que vayas al médico
- que no reemplaces el examen médico por el autoexamen
- que aunque no encuentres pelotas, vayas igual una vez por año
- que si no te convence lo que te dice un médico, busques otro, no te quedes esperando
- que si el médico te dice volvé en 6 meses, vuelvas en 6 meses
- que si sos hombre le digas a tu mujer, tu hermana, tu mama, tu amiga, tu hija que se lo hagan y que vayan al médico
- qué el cáncer, al menos lo que me pasó a mí, duele

Porque como lo agarré a tiempo, tengo muchas más probabilidades de curarme.
Porque a mi tocarme me salvó, capaz, a vos también…