Mi compañero

Mónica Shrem

Ituzaingó, Pcia. de Buenos Aires

Estábamos solos pero no tanto. Mi hijo tenía 3 años y venía siempre conmigo a quimio, a rayos, a análisis. De noche salíamos, como decía él, al hospital.

Por fin fue mi última quimio y llegó su recompensa después de tantas horas de compañero. Había una máquina en el quiosco del hospital, de esas a las que les ponés monedas y salen peluches. No se quién había dejado a punto de caer uno de los muñecos grandes, y él, puso su única monedita, ya que pasábamos momentos económicos apretados, y se llevó el muñeco gigante.

Para mí la mejor recompensa es él, mi compañero, mi amor.