El amor sana

Patricia Jaimes

San Vicente, Pcia. de Buenos Aires

A los 33 años me diagnosticaron cáncer de mama. En un primer momento el cirujano que me operó, dijo que no había mucho por hacer, que sólo podría realizar un tratamiento paliativo. Obviamente nadie de mi familia me dijo nada hasta mucho tiempo después. Cuando conocí a mi oncóloga ella me dijo "vamos a hacer un tratamiento fuerte, pero si lo aguantás te vas a poder curar". 

Y bueno, no voy a decir que fue fácil. En la primera quimio me sentí tan mal como jamás me había sentido. Cuando mis hijos, en ese momento de 3 y 14 años, no estaban me largué en llanto en los brazos de mi marido, no podía ni siquiera ir al baño sola, le dije "perdoname, no voy a poder". Él me miró a los ojos, secó mis lágrimas y llorando también me dijo "sí vas a poder, porque el amor que nos tenés es más grande que todo y no nos vas a dejar solos". Y ahí supe que tenía que poder, que ellos me necesitaban y yo necesitaba de ellos. Me dieron todo su amor, él, mis hijos , el más pequeño que acariciaba mi calva diciendo "mamá, sos preciosa" y el amor de mis amigas, que fueron mis enfermeras cada noche de quimio. 

Así pasaron 7 meses largos de quimio, vino la mastectomía y al analizarla ya el cáncer no estaba, mis metástasis en esternón y clavícula estaban inactivas. Quedaría mucho todavía por recorrer, pero mi cuerpo había sanado. La frase que me identifica es: ¡el amor sana! El amor pudo contra ese primer pronóstico. Cuadrantectomia en principio, quimioterapia, doxorrubicina, placlitaxel, fue el paso mas difícil, luego vendría la mastectomía, más tarde los rayos. Herceptin por un año por ser Her 2 + . Hoy en día tengo una inyección al mes de Zoladex, aplicada en la panza, que va ya más de un año y una vez al día la pastilla Letrozol. Esta es mi historia. Nunca perdí mi sonrisa, nunca me dejé vencer y, como dice mi oncóloga, el amor que me rodeó venció a un supuesto final anunciado. No fue fácil pero ¡lo logré! ¡El amor sana!