Bajo los escombros

Aldo Neñer

Bariloche, Pcia. de Río Negro

Un día de octubre del 2016 estaba en una reunión de trabajo, mi esposa tenía turno con el médico, ya que le habían realizado una biopsia, como uno siempre niega lo que pasa no me preocupé, "a nosotros nunca nos pasa".

Me llamó por teléfono, con la voz entrecortada, sollozando que el diagnóstico era malo. Ya la bomba había caído en mi casa y estábamos esperando que nos rescataran de los escombros. 

Nos reunimos, hablamos, traté de calmarme y pensar, no estar ciego y ver qué camino tomar. Por suerte y gracias a mi profesión, soy farmacéutico, conocía a médicos que me podían orientar en cómo salir de los escombros. Por suerte encontré a los rescatistas que me ayudaron o, mejor dicho, que me ayudaron a ayudar a mi esposa que estaba viviendo, según sus propias palabras, un sueño.

Así pasó la cirugía, la quimioterapia, sus cambios físicos, su pelo largo y enrulado se caía. Fue muy duro para ella y muy duro para todos cuando tomé la decisión de raparla y ver que no se reconocía en el espejo.

Esa primera quimioterapia esperando sus efectos secundarios tan temidos, con el tiempo nos dimos cuenta que ya eran parte de nuestras vidas, es decir nos acostumbramos a todo. El tiempo pasó y festejamos esa última dosis de esperanza o, como la llamé en su momento, el último cóctel en el sillón, para seguir con el tratamiento. Era el turno de la radioterapia.

Todos decían que no era nada ,"son 5 minutos". Claro, así fue, pero salvo por un detalle, en la ciudad donde vivo no hay radioterapia, por lo tanto tuvimos que sufrir el desarraigo obligatorio de 500 km para seguir con el tratamiento. Fueron 37 días de exilio y sufrimiento para ella, donde su mente estaba en casa y su cuerpo en la sala de rayos.

Hoy, terminado todo este proceso, después de 8 meses, podemos decir que estamos saliendo de los escombros.