Parte de mi vida

Adriana Bocca

Alberti, Pcia. de Buenos Aires

Los viejos libros de medicina decían que las mujeres que no tenían hijos eran más propensas a sufrir el cáncer de mama, como las que no amamantaban o que eran de edad avanzada o que tenían sobrepeso... Yo no tenía ninguna de esas características, tenía 2 hijas, las dos amamantaron, 37 años y no tenía sobrepeso, y tenía cáncer. Esa palabra tan fea, pero que hay que aprender a decirla con todas las letras, cáncer.

Un día estando en la ducha noté un bultito debajo de mi axila derecha. Rápidamente saqué turno con mi ginecóloga y después de tratamientos, ecografías y mamografías, se determinó que había que hacer una punción. El resultado de la punción tardó 25 días y como soy muy cabeza dura, fui a buscar sola el resultado. Cuando abrí el sobre decía: “carcinoma infiltrante de segundo grado, etc, etc, etc. Puf: la mala palabra había aparecido. Y ahora ¿Qué hago??, lo que se debe hacer en estos casos. Hablar con mi familia, hijas, padres, hermanas, amigas, con todos y contarles lo que me estaba pasando. Necesitaba el apoyo de todos y cada uno de ellos y por suerte, lo obtuve.

Preocupada por el porvenir de mis hijas y el mío también, soporté el momento más difícil de mi vida: pensar en la muerte, abandonar a mi familia.

"Antes, años atrás, tener cáncer era hablar de la muerte; Si tenías cáncer tenías los días contados. Afortunadamente, no es así, estoy acá, vivita y coleando como dicen las abuelas. Y, por supuesto siguiendo mi tratamiento.

Desde el momento en que supe que sufría de cáncer de mama, pedí referencias de con quien podía atenderme. El Dr. Lanés, (eternamente agradecida) que fue quien estuvo en mis dos partos, me dio el teléfono del Dr. DANIEL ALLEMAND, para el cual tengo palabras de agradecimiento infinitas. Una persona no solo especialista en el tema, sino con una calidez humana impresionante (gracias una vez mas), que fue muy preciso con todo lo q tenía que hacer. Me explicó todo y me dejó mas que tranquila. Como dicen los chicos: “un capo”. Con el diagnóstico en la mano, me dijo: llorá todo lo que puedas y quieras, descargate, esto tiene solución. Lo único que tenés que hacer es empezar, seguir y finalizar el tratamiento. Turno para la operación, extracción de ganglios y demás. Mucho apoyo de mi gente.

Pasado un tiempo empecé con la quimioterapia. Una vez por mes, 6 sesiones. Soporté las molestias clásicas luego una quimioterapia.

Mientras tanto mi vida, mi rutina continuaban como si nada. Comenzó la caída del pelo. No fue traumático. Me pasé la maquinita antes que eso sucediera y le expliqué a mis hijas lo que iba a hacer y por qué. Lo entendieron sin preguntar nada. Solo se reían con sus compañeritos de ver a su mama “pelada”. Buenísimo. Otro paso más. Después de unos meses radioterapia en Pergamino. Nos trasladamos con las nenas a Colón (lo de mi hermana) y a viajar diariamente. Casi 30 sesiones. Otro pasito más.

Lo fundamental es tener la mente positiva. Ahora me ocupo y preocupo de otras cosas, me importan las cosas simples de la vida y trato de disfrutar al máximo de mi vida. En este momento y después de 10 años de la operación, me siento muy bien. Haciéndome los controles cada 6 meses.