La tribu antitodo

Mariela Ciccarelli

Villa Mugueta, Pcia. de Santa Fe

Mi historia es parecida a la de muchos, lo heredé de mi mamá, que batalló hasta que su cuerpo dijo basta, yo tenía entonces 17 años. De ella heredé también su coraje, su fuerza y su amor a la vida. Mi historia es mía, pero también de muchos que la viven conmigo. Mi tribu.

Con 31 años primero, 35 luego y ahora 39, operaciones en ambas mamas, quimios, radioterapias y cuanto estudio existe, enfrenté y enfrento esta enfermedad. Con todo y con ellos, que la pasan y pelean a mi lado. Nadie los nombra, cuando nos diagnostican cáncer sin querer quedamos en el centro de la escena.

Cuando pasó y, con ello también el primer sacudón, levanté la vista nublada de tanto llorar, los ví ahí conmigo...para mí. Y yo para ellos. Son los que acompañan y apretan fuerte la mano en una consulta, ponen un paño húmedo en la nuca y traen agua en las quimios, los que se ponen la casa al hombro cuando mi cuerpo no da más, los que cocinan para tu familia y hacen bromas y me sacan del pozo con abrazos y mimos... son los que están lejos y  llega ese mensaje con las palabras que necesito escuchar. También los que me bajan a tierra cuando me vuelvo tragicómica y me dan un sacudón de realidad.

Es mi hijo que con sus entonces 12 años me vio pelada y se rió comparándome con algún jugador de fútbol para que deje de llorar. Mi niña, que con sus 9 años y jugando a la peluquería me peló la segunda vez que me enfermé. Mi marido que se convirtió en mi caballero con armadura y nos protege y contiene a todos. Son mi familia toda y mis amigos, que hacen todo más realista y fácil.

Tener cáncer muchas veces no es empezar a morir, es apostar a vivir con tantas ansias que no se piensa en imposibles. Yo aprendí a hacer del cáncer una circunstancia en mi vida, no su centro.

Apuesto siempre a salir adelante, a tomar este nuevo desafío con más agallas que los anteriores, a no dejarme vencer. Porque cuando levante la cabeza estarán todos ellos, mi tribu, y todo mi peso se hace más liviano... porque son los que curaron mi alma.