¡Mama mía!

Jessica Trumper

Ciudad de Buenos Aires

Existen mamas grandes y mamas pequeñas. Mamas desparejas. Mamas caídas. Mamas densas. Mamas con calcificaciones. Mamas suaves. Mamas morenas. Todas distintas. Todas femeninas. Todas vulnerables.

Las mías son pequeñas pero bien plantadas, con personalidad. Nunca pensé que iba a estar contando una historia sobre ellas. Tampoco pensé que el cáncer anidaría en mi mama izquierda, camino directo al corazón.

Había una vez un par de mamas que vivían felices y contentas, sin preocupaciones, hasta su aniversario número 49…

Estaba trabajado en Quito, Ecuador, desde hacía un mes -por un plan de rotación conseguido a través de mi trabajo en Buenos Aires- cuando me dan la terrible noticia de que mi madre había fallecido. De un día para el otro, y sin ningún síntoma, ella nunca despertó. Tuvo la muerte de los justos.

Un dolor inmenso. Me costaba respirar más allá de los 3.800 metros de altura. Al día siguiente cuando me estaba duchando palpé un bulto en mi mama izquierda. Lo negué y enterré. Y preparé mi regreso a Buenos Aires para ir al otro entierro. 

Estuve tres semanas acomodando temas familiares y luego regresé a Ecuador. Fue una experiencia maravillosa hasta que lo volví a palpar. No podía desentenderme. Habían pasado seis meses más. Cuando volví a Buenos Aires fui al ginecólogo y me ordenó una mamografía. Luego vino la punción y el resultado. Respirando incómodo frente a mí, pronunció unas pocas palabras: 

- Dio mal, hay que operar. 

- Perdón doctor, no entiendo, ¿usted me está diciendo que tengo cáncer de mama? 

- Sí.

Estaban filmando una película dramática, oscura, triste, donde me obligaron a ser la protagonista principal. Lloraba y lloraba sin entender qué me estaba pasando. No había antecedentes genéticos en mi familia, tenía que ser un error. Por favor que alguien me diga que es un error. Mi mamá muerta y yo con cáncer de mama. Festín terapéutico.

Tuve que internarme en un mundo nuevo, donde mastólogo y oncólogo pasaron a ser los dos galanes que se disputaban mi agenda. Me citaban y me pedían todo tipo de estudios y hablaban en idioma difícil. ¡Socorro! Quiero bajarme. Dejadme salir. Soy una dama cautiva.

Tuve el combo completo: cuadrantectomia de la mama izquierda (tenía dos tumores), quimioterapia XL y sesiones de rayos al final. Y de regalo me tatuaron cinco lunares azules, raros, llamados marcaciones.

Lo positivo fue que tuve pilares muy sólidos. Familia y amigos me ofrecieron un sostén cálido donde recostarme. Y por supuesto, la columna principal era yo misma. Fue un año largo donde caí al abismo para renacer de mis cenizas. Me quedé en blanco. Preguntándome qué hacer con esta nueva oportunidad de vida. Aún busco mi camino, insegura, sin rumbo definido pero con mucha fuerza interior. Reconstruyéndome de a poco. Confirmé en primera persona que lo que no te mata, te fortalece.