Cicatrices

Lili Garzón

Olivos, Pcia. de Buenos Aires

Imaginate dos cicatrices, de mama y de axila... Una amiga me dijo ayer: vale más tener cicatriz por valiente que piel intacta por cobarde. Me causó mucha gracia su comentario, porque yo le contaba que a veces me miraba al espejo y me bajoneaba un poco. Pero bueno, es lo que me tocó, y ese comentario lo hizo para hacerme reír, cumplió su objetivo y después seguimos hablando de otra cosa, eso vale.

Nunca me deprimí. ¿Tuve miedo? Sí, pero de a ratos. Ahora ya no, siento mucha confianza en mi cirujano y en mi oncólogo, ahora estoy esperando tomar mi medicación. Es como un Mejoralito, me dijo una amiga. ¿Efectos secundarios? Calores y hambre. ¡Jaja! Bueno, es una etapa para cuidarme, para relajarme, voy a tratar de incursionar en yoga, vamos a ver...

Y a llevar las cicatrices que quedaron en el cuerpo, esas marcas son un recordatorio de lo valiente que tuve que ser y de que debo vivir intensamente. Llevo en el alma y en el cuerpo las marcas de la vida, de las buenas y de las malas.

Hay algo hermoso en todas las cicatrices, cualquiera que sea su naturaleza. Una cicatriz significa que el dolor terminó, la herida está limpia y cerrada, se acabó.

Así que ahora ando en la aventura de descubrirme. Abro mis manos y mi corazón, para que me sujeten fuerte , para que me empujen suave...y así estoy, así voy.

Me estoy atreviendo a soñar más, a dar ritmo a mí respiración, ya no hago las cosas porque sí, lloro mis complejos, grito las injusticias, canto un encuentro, celebro mis arrugas , ojalá acumule muchas más... Así que bueno, a reírse, a divertirse, a amar, a descansar, a arriesgarse, a confiar, a descubrir, a soñar,  a agradecer y a vivir con todas las ganas.