De cenizas nace el fénix

Maria Gabriela Grillo

Carlos Pellegrini, Pcia. de Santa Fe

Solo con 17 años descubrí en mi mama derecha un bultito, en ese momento me dijeron que era un fibroadenoma de apenas 1 cm.  El Sr. Fibroadenoma me acompañó durante muchos momentos de mi vida. 

Cuando quedé embarazada por primera vez quiso tomar protagonismo y entonces creció a 1.5cm. Pero aún así, seguía dentro de los parámetros normales. 

Con la llegada de mi segundo bebé y aún siendo algo ignorado el Sr. Fibroadenoma decidió que quería ser algo más y así fue. Cobró el tamaño de casi toda mi mama y entonces logró lo que quería, todas las miradas estuvieron puestas en él. Primero me hablaron de un tumor filodes, que era benigno pero que aún así debíamos sacar de la mama.

Luego de esta noticia vino la punción para realmente saber que se trataba de este tumor tan bonachón, pero la realidad era que se había convertido en un carcinoma de 13 cm (no tan bueno como se esperaba) y con el resto de los estudios notamos que este señor había invitado a vivir en mi cuerpo a 4 hermanos tumores a la altura de mi cresta ilíaca y lumbares. 

Como Don Carcinoma (ya todo un señor) se había instalado, pensé que lo ideal sería enviarle una intimación para que entendiera cual era la situación: 

Señor Carcinoma: lejos de estar enojada con usted por lo que ha hecho en este tiempo en mi cuerpo, le agradezco, porque gracias a usted mi vida ha tomado otro significado. A saber:  dejé de pensar en vivir el día a día para realmente hacerlo, comencé a decir todo lo que siento, a no callar más ni lo bueno ni lo malo, me empecé a recostar cuando estoy cansada y a cantar y bailar cuando se me antoja, me conecté con la niña, la joven y la adulta que habitan en mí, y siento que estoy sanándome a mí, a mis ancestras y a todas las mujeres que vendrán. 

Señor Carcinoma, por todo esto, siento que ya puedo prescindir de sus servicios, por ello lo abrazo y lo acompaño con mucho amor hacia la salida. 

Hoy, con ya 9 meses de tratamiento y notando que este señor es un poco terco, pero de apoco se va acercando a la salida,  siento que a quienes Don Carcinoma nos visita, nos da una posibilidad de replantearnos como queremos vivir de ahora en más, no para otros sino para nosotras mismas, para poder cambiar el resto. 

De cenizas nace el fénix y nosotras, las mujeres del cáncer, renacemos para gritar que se puede y se debe vivir distinto.