Metáfora

Miriam Carabajal

Venado Tuerto, Pcia. de Santa Fe

Ernesto, mi médico reparador, me sugirió no cambiar las vendas por primera vez, después de la mastectomía, en su consultorio.

- Mejor vas a hacerlo en tu casa, tranquila.

No me dijo que estuviera sola, me dijo tranquila. Y yo no lo pensé, confiada, quizá demasiado. Omnipotente, quizá un poco.

Claro que después me arrepentí. No debería haber esperado a estar sola para entrar al baño y enfrentar el espejo. No debería haber estado sola en la casa en ese momento.

Cuando saqué las vendas y me ví se me aflojaron las rodillas, sentí que me caía, me senté al borde de la bañera con el estómago dando vueltas, nauseosa, asqueada… Hasta que salieron las lágrimas y empecé a respirar hondo y pausado para poder mirarme otra vez en el espejo y enfrentarme. Después de eso, aprendí. 

La siguiente vez que me tocó enfrentar el espejo en condiciones similares, esperé a no estar sola en la casa. Como una metáfora de la enfermedad, uno está solo para enfrentarla, pero detrás de la puerta, al alcance de la mano, a tiro de palabra, alguien debe estar acompañando…