Marzo 2005, cambió el mundo para mí

Nora Graciela Rosenfeld

Ciudad de Buenos Aires

Solo a partir de esta situación sentís que ya no serás nunca más la misma, como tantas otras veces…todo se limita a vos, todo pasa por empezar a pensarte diferente y con esa marca: CÁNCER. No me cuestioné tanto el porqué,  pero sí sentí bronca, impotencia y lo peor: incertidumbre. Los  proyectos cambian y el plazo hasta donde llegan tus pensamientos mucho más.

La primera impresión no es tanto verte la falta sino tocarte, ese primer baño inolvidable, sentí que me desmayaba, que nunca más podría tocarme ni ser tocada. Pero no, como todo en la vida, y en la no vida, uno se acostumbra.

Después la otra etapa, entrevista con el oncólogo, anuncio: serán 8 ciclos de quimioterapia 4 con una droga y 4 con otra. Todo muy claro y explicado pero las dudas nunca terminan. Cómo lo resistiré, cómo me sentiré en cada uno de esos ciclos. 8...8 puede ser poco o puede transformarse en un tiempo que parece muy lejano e inalcanzable.

 Los que la pasaron te relatan que “será un año difícil”, que entrás en algo así como “el túnel del terror”, pero después salís.

Con todas estas ideas dando vuelta llega tu primera quimio. Increíble todo lo que pasa en esas sesiones. Me tocó compartirlas en general con mujeres operadas, todas de cáncer de mama y en distintos tiempos de su tratamiento. 

Mientras tanto pensar o hacer cosas que te gratifiquen. No es fácil encontrarlas, es un proceso muy interno, difícil de compartir, muy individual, donde el pensamiento es tu compañía más prolongada. Llegando a la séptima sesión me preguntaba, ¿y después de esto qué?

Porque de algún modo también la quimio te protege, sentís que en ese tiempo nada puede pasarte en función de que la enfermedad está controlada, pero después… Pero quién puede resolver estas preguntas, quién puede saber qué le toca al día siguiente. Hoy creo firmemente que NADIE, nadie sabe, pero hasta que no te acercás a una situación límite pensás que eso es tan lejano que ni merece tu atención.

Ya en el 2006, pasados unos días del comienzo del año, me decidí a salir sin la peluca. Gracias a ella la vida en público se me había hecho muy sencilla, no hubo preguntas ni miradas porque realmente era muy natural y parecida a mi pelo, más de uno cuando le comentaba me decía “no parece”. Pero, calor mediante, creí que había llegado el momento de enfrentar esta realidad que tiene que ver con que durante varios meses mi pelo será corto, muy corto, y distinto a lo que lo vine usando hace muchos años... Y así fue, 40 grados de por medio, me fui a hacer las compras sin ella. Y pensaba "sí, tuve cáncer, hice quimioterapia y por eso se me cayó el pelo, pero ahora estoy bien, me está creciendo". ¿No es poco no? Ya no importó el viento en el colectivo, ni la lluvia que me volvió a mojar, cosas insignificantes en la vida de cualquiera pero que cobraron una importancia después de ese 2005.