¡A vivir!

Silvia Ceci

Bahía Blanca, Pcia. de Buenos Aires

En junio del 2015 hice los exámenes de rutina: sin problemas. En septiembre, un dolor particular de la mama derecha hizo que hiciera una consulta, de ahí en más fue una catarata de estudios, biopsia, cirugía. Un shock el primer día del diagnóstico y ponerle garra al día siguiente. Llegó el 30 de diciembre y un oncólogo que no me convenció, no nos quedamos con su protocolo y por  esas cosas que tiene la vida, sin comenzar con el tratamiento prescripto, conocí a  la señora Felisa, quien me orientó con otra oncóloga: Mónica. En ella confié plenamente, hizo y hace todo lo que está a su alcance. Envió una muestra de la biopsia a Buenos Aires para hacer un estudio genético y así hacer una terapia dirigida. Igual, no safé ni de la radioterapia ni de las dos quimios.

Lo más importante para mí, con todos los cambios que tuve: estéticos, físicos, el cansancio que continúa y demás, es que me conmueve la dedicación con la que me cuidaron mi esposo e hija. El resto de mis familiares están muy lejos de casa  para acompañar en el día a día.

Mi esposo se puso mi vida al hombro y con todo su delicadeza, me sacó adelante. Soy muy positiva, pero hay días en que el tratamiento gana.

Todos los días las  tareas cotidianas, algún chiste, muchos mimos. Hacía todo lo que me tocaba a mí. Es un tipo bueno, pero todo esto lo hizo con amor. Pensé muchos días en la carga que era para él y para mi hija, pero no me lo hicieron sentir.

No sitúo la palabra cáncer en la cabeza: ni lo pienso siquiera. Voy haciendo lo que me indican, más mis cuidados que adopté de libros, de experiencias de otras mujeres, todo como si fuese un resfrío pasajero. La palabra no me asusta a mí, pero sí a los que están cercanos y los comprendo a medias, pero no me detengo en este tema.

Dos cosas importantes según mi experiencia: la primera es tener en cuenta cualquier dolor o molestia que no sea la habitual, mi tipo de diagnóstico Her2neu es muy agresivo y lo tomaron a tiempo. La segunda es la buena predisposición de mi oncóloga, del laboratorio que hizo los estudios gratis, siendo estos muy costosos y la generosidad de los científicos que con largos años de estudio lograron que me puedan realizar una terapia dirigida: César Milstein ¡Chapeu! No me puedo olvidar de los enfermeros, Claudia y Luis, dos seres del planeta generosidad.

La obra social fue una mala experiencia, no la gente con la que tratamos sino la institución en sí. Eso produjo un desgaste físico y mental que no es lo conveniente ni tienen derecho. Pero le dimos lucha con las herramientas como abogado, e.mails, presencias. Hice que supieran qué importante es que las dosis lleguen en tiempo y forma.

El cáncer no me hizo ni peor ni mejor, pero me cambió la cabeza en muchos aspectos. No espero nada de nadie, uno es el artífice de cómo vive y los que quieran sumarse bien y los que no también. Llevo conmigo las palabras de mi papá, Aldo, cuando terminaba una cerveceada que él había organizado, gritaba: ¡A vivir!