El maestro

Maria Muñoz

Ciudad Capital Sgo del Estero

La vida en forma repentina me llevó como una alumna más a una de sus aulas. "Llegó", me dijo.

Era él, no lo esperaba, mi vida eran largos y hermosos recreos con algunas materias para rendir a cada instante. Esta hora fue implacable: se terminó el recreo. Aquí esta. No pude más que ponerme de pié. Era él, me entregó una hoja con porcentajes, valores...no entendía, no estaban conmigo ellas, mis compañeras de la vida: Dulzura, Poesía, Fe, Oración. Implacable, me miró:

- Estoy aquí - me dijo. - Párate derecha, no tiembles, me tendrás en tí - .

Busqué a mi alrededor, solo veía pañuelos, recetas, mensajes. 

- Vos podés -, no entendía. Lección número uno dijo: - No te asustes. ¡Ocupate! - Me exigió. - ¡Mirame, soy...- 

 - Ya sé - dije. - Sos mi maestro. 

Me enseñó tantas cosas: a vivir intensamente cada día, a vestir deportivamente, colgué los collares, los tacos. Esto exigía agilidad. Agilidad que conseguía y encontraba cada día...o la inventaba. 

Pasó la fecha, la cirugía y me dije: "Ya sé, presentaré un trabajo con maqueta incluida al maestro..." Mi cicatriz en el seno derecho.  Qué suerte, me dije, no tocó el corazón, qué locura. Estaba intacta. Mis hijos, la más pequeña se tuvo que acostumbrar a no apretarme tanto cuando me despedía en el jardín de infantes. Mi hija mayor me miraba y me ayudaba, yo veía que quería proteger a sus hermanos, algo que quedó en ella y la enaltece. Mi hijo me dijo: "Ma, ya encontré la manera de abrazarte y darte un beso sin tocarte, así lo puedo hacer cuando te vea de lejos: un parpadeo es un beso, dos son un abrazo". Así lo sigue haciendo, y ya está en la universidad.

Volvían de a poco mis amigas: Fortaleza, Fe, Oración, Alegría y con ellas "El Gran Maestro" me hizo formar grupos de tarea y aprendizaje. Grité con todas mis fuerzas el último día de quimioterapia. ¡Egresé, chicas! Les decía a las enfermeras. Grité por todas las que ya no lo hacían y lloré y salté y arrojé la gorra y agité un pañuelo con el que cubría mi cabeza, que lo tenía guardado en el bolsillo de mi campera. Egresaba y me dije: "ya bailaré el vals con mis hijos". 

En marzo del año 2018 cumpliré 10 años de aprendizaje y enseñanza. Gracias a la vida sigo en pié y aprieto las manos de otras mujeres que pasan por esto y les digo acariciando su mirada: "Es sólo un maestro, chicas. Sólo eso".