Donde hay amor, hay vida

Patricia Vanrell Sua

Ciudad de Buenos Aires

Cuando en el año 2005 me diagnosticaron cáncer de mama pensé que era el fin de mis días, de mi vida, que no iba a ver crecer a mis hijos, que no vería nunca más a mis seres queridos, en fin, esperar a la muerte. En ese momento estaba viviendo una situación familiar y de pareja delicada; muchos problemas para afrontar y dos hijos pequeños que necesitaban de su mamá sana para criarlos.

Fue una situación muy difícil y angustiante aceptar una mastectomía a los 36 años, pero las palabras del médico aún las recuerdo: “Patricia, tengo que realizarte una mastectomía porque si no en unos meses podés llegar a hacer una metástasis. Sos joven y no voy a arriesgarme a que eso ocurra”. Y así fue. Luego le siguió el tratamiento de quimioterapia y el tamoxifeno por cinco años.

Al momento del diagnóstico hubo gente que se alejó, la menos, pero fue mucho más valiosa la que se incorporó a mi vida. El llegar a MACMA fue parte de mi tratamiento y recuperación. Todo se me hizo más liviano. Gracias a la contención que recibí de mujeres maravillosas que habían pasado por la misma enfermedad y que seguían con la misma entereza que te da el haber transitado por un diagnóstico tan cruel. En los grupos de autoayuda aprendí de la necesidad de estar informada, que la palabra cáncer puede despertar sentimientos intensos: miedo, enojo, frustraciones, tristeza, respuestas que no llegan, estudios difíciles de comprender.

Por eso, aún hoy sigo formando parte de esta gran institución que tanto me dió. Coordino un grupo de mujeres jóvenes y trato de transmitirles toda mi experiencia para que ellas puedan superarlo de la mejor manera posible, es una forma de devolver a MACMA lo que MACMA hizo por mí hace tantos años. Además, me sumé hace dos años a un proyecto hermoso que hacemos en el Hospital Oncológico Maria Curie, donde realizamos actividades artísticas con los pacientes con el único objetivo de compartir un lindo momento y encontrarnos con el otro a partir de una tarea artística y  liberadora.

Hoy, después de recorrer un camino libre de enfermedad, pienso y estoy convencida que dónde hay amor hay vida, y sigo apostando a cambiar algunas cosas para poder seguir disfrutando de las que más me gustan.