Apapachón

Cecilia Cid

Allen, Pcia. de Río Negro

Desde que la conocí sentí una conexión especial (mujer altísimo y pequeña a la vez, pues vi en sus ojos a una niña temerosa y solitaria). Me acerqué a su lado y comencé a valorarla físico-mental y psicosocialmente; luego charlamos sobre el "empoderamiento" que me encanta ver en los pacientes y le pregunté si le gustaría leer un libro que creía le sería de mucha utilidad. Rápidamente me dijo que sí. Así comenzamos esa bella relación (que sería un largo camino de tanto aprendizaje mutuo) de enfermera-paciente, anhelando que pudiera convertirse en paciente activa lo antes posible. 

Madre de 2 niños pequeños, le pregunté por sus familiares y con enojo me contestó que no existían, aunque lo cierto era que tenía una hermana y a su madre, pero estaba en una situación conflictiva con ellas, como así también con su pareja. El tiempo fue pasando y sentía cada vez más empatía, admiración y cariño por esa fuerte mujer. Objetivos a lograr: sanar relaciones con familiares, aceptar su separación marital, que disminuya su ansiedad, que aprenda a parar, a escuchar a su cuerpo, a saber pedir ayuda y dejarse ayudar; como así también aceptar sus cambios corporales (perdida de su seno, de su cabello, etc). Sabiéndola tan sola me propuse acompañarla en su proceso de enfermedad de manera profunda, traspasando los horarios laborales, nos comunicábamos diariamente y hasta la visitaba en su hogar. Cada sesión semanal de quimioterapia le preguntaba por esta nueva mujer que estaba creando, festejando y reafirmando sus nuevas conductas saludables. Le decía que estaríamos como en la escuela, que yo le preguntaría como iba con las tareas ("química del hacer"), sabiendo que el mejor resultado lo obtiene el alumno que practica una y otra vez, y ella fue un claro ejemplo de ello. 

Último día de quimio nos invadieron muchas emociones: de alegría, de nostalgia (porque ya no nos veríamos tanto) y de incertidumbre, miedo por la nueva etapa que le tocaba afrontar: radioterapia. Ambas optamos por seguir viéndonos, ella pasaba todos los días a contarme sus novedades, momentos de muchas risas, algunos llantos, besos y abrazos muy fuertes. Cuando la vi con más confianza comencé a soltarle la mano, de a un dedo, pues sentía que ella podría recuperar su autonomía e independencia. Así fuimos viviendo el desapego; al fin de rayos la premié por todo su esfuerzo regalándole una linda mariposa, para que recuerde la transformación que realizó, que nunca olvide a esa mujer que habita en ella. Actualmente se encuentra tramitando su nueva etapa "reconstrucción mamaria". Me pregunté: ¿y si fuera yo o un familiar esa paciente, como me gustaría que fuera la atención de enfermería? La respuesta fue y sigue siendo lo mas humanizada y holística posible. Una de sus frases: "nunca me imagine que terminaría agradeciéndole al cáncer". Se recuperó, se empoderó, volvió a creer en ella y su vida comenzó a ser lo que anhelaba. Gracias ex paciente y amiga del alma.