El cáncer me vino a decir...

Elizabeth Richmond

Ciudad de Buenos Aires

Y un día sentís que el mundo se te derrumbó, a vos, que todo lo controlabas, todo lo podías, manejabas todo a tu manera, ¿y ahora? A pesar de los controles que me hacía cada 6 meses el cáncer igual llamó a mi puerta, y ahí, cuando menos lo pensaba, entró en mi vida como un huracán, sin preguntar. Tuve miedo, lloré, me pregunté por qué, que me venía a decir esta enfermedad. Tenía trabajo, familia,  amigos, viajes, lo que quería.

Pero de pronto me encontré enferma sin tener ningún síntoma, desde mi primera operación que me sacaron un nódulo hasta pasar por una mastectomía. Así, sin darme cuenta, estaba enferma.

Escuché todo tipo de comentarios: no es nada, te sacan el pecho haces rayos y listo, la quimioterapia se tolera, tengo un conocido que hoy está re-bien, se te cae el pelo, comprate ya peluca, usá pañuelo y listo.

Y si, no es nada, cuando el cuerpo no es el tuyo, cuando ves que los hijos sufren y no son los tuyos, cuando tenés miedos y no son tus miedos, cuando no sos vos quien tiene cáncer, no es nada. Que poco sabemos de la enfermedad y cuánto opinamos, que pocos controles se hacen las mujeres, cuanto más se podría prevenir.

No es fácil este camino, aún estoy en quimioterapia, aún mis miedos están, pero nunca dudé de que iba y voy a luchar contra esta enfermedad. Tengo mil razones para seguir, la enfermedad me lo vino a decir: valorá lo que tenés. 

El cáncer me vino a decir: Dios le da sus peores batallas a sus mejores guerreros.

El cáncer me vino a decir: pará, respirá, viví la vida, pero tranquila, sin estrés, no corras.

El cáncer me enseñó la palabra: paciencia. Ahora no corro, no tengo prisa. Ahora no grito, no me enojo. Ahora perdono, no me exijo.

Se que aún tengo un camino por recorrer y, seguramente, la enfermedad tiene más cosas para decirme para enseñarme.