Mi cáncer de mama

Andrea Faccendini

Rosario, Pcia. de Santa Fe

Después de un largo recorrido, con muchas idas y vueltas, nació Josefina, una bebé muy deseada y soñada. Pude amamantarla hasta que cumplió su primer añito. Prácticamente se destetó sola. Cuatro meses después, al bañarme, sentí una dureza en una mama. Estaba convencida que era una mastitis. Pasé la mamografía y ya con la ecografía me alertaron que la imagen no era buena, había que pasar por la punción. En ningún momento pensé la posibilidad que la biopsia fuera positiva. Jose era bien bebota, casi sin pelo y aún no caminaba. Abrir ese sobre es tal cual lo describen miles de personas: se frena el tiempo. Miraba el sobre, a mi bebé y así no sé cuántas veces, hasta que pude decirle a mi mamá "Es maligno". Y al aire, pregunté "¿Justo ahora?"

Mi médico me acompañó y contuvo desde el principio. Una de las primeras cosas que me dijo fue que para ganarle debía nombrarlo: tenés cáncer. Sin embargo, yo no podía aceptarlo, me llevó mucho tiempo poder nombrarlo, decirle cáncer.  Pasé por cirugía, 8 largos meses de quimio y casi 4 de rayos. Perdí mi pelo 2 veces. La foto que elegí es de esa época, yo con peluca y Jose en su coche, ambas con coronas de princesas. 

Fue muy duro. Por momentos me sentí muy sola. Es muy difícil no reconocer la imagen que está en el espejo. Recuerdo una noche, durante las quimios rojas, que no tuve fuerzas para levantarme del baño y cuando pude hacerlo, recordé una frase de mi hermana de esos días, me había pedido que buscara la forma de pegarle al cáncer. En ese momento, frente al espejo, viendo una cara que no reconocía, empezaron a llegar recuerdos, recordé que me gustaba bailar y escribir. Recordé anécdotas, recordé a mi jefe al enterarse de mi diagnóstico gritándome: "¡Andrea, vos vas a bailar en los 15 de tu hija!". En ese momento dije "de ésta voy a salir". 

Me senté a escribir, sin pensarlo demasiado, dejando que las palabras salieran solas y llorando tal como estoy haciendo ahora. Quisiera saber por qué las lágrimas pero no lo sé, tal vez sea el recuerdo. Recordar es revivir a veces y aunque duela, miro hacia atrás y puedo ver que no me perdí ninguna fiestita en el jardín,  reunión de padres, de amigos. Volví a bailar y tengo pendiente terminar mi carrera. ¡Tengo planes! Porque tengo futuro. Un diagnóstico no es una sentencia. Y, además, ¡voy a bailar en los 15 de mi hija!