Amar y vencer

Ayelén Mendez

Chos Malal, Pcia. de Neuquén

Mi hermana tenía 29 años cuando le detectaron cáncer de mama. Recuerdo que el mundo se detuvo por un momento y las imágenes de nuestra niñez y de nuestra vida completa pasaron por mi mente preguntando "¿Por qué?". Por qué a ella que siempre tuvo amor para dar a todos los que la rodeábamos. Lo único que pude hacer fue pedirle a Dios que con su gran luz y su amor único pudiera sanarla.

Fue un largo tratamiento que me dejó grandes enseñanzas, porque su cáncer me permitió ver las cosas de otra manera.

Desde el primer momento ella calmó nuestros corazones, alivió nuestro dolor y nos hizo valorar todo lo que sucedía a nuestro alrededor. Desde el primer momento se mostró fuerte, vencedora, dispuesta a ir por todo para derrotar a esta enfermedad que se cree gigante en la vida de la gente. Ella se mantuvo enérgica, emprendió proyectos, concretó sueños...nunca se detuvo.

Hoy, con 33 años, atraviesa su segundo cáncer, que se tomó el tiempo de trasladarse de a poquito a distintas partes de su cuerpo, y me pregunto nuevamente "¿Por qué? ¿Por qué a ella?" Y logro tener respuestas: ella nunca se venció, nos demostró y nos demuestra diariamente el valor de la vida, del trabajo, de la familia, la importancia de disfrutar del paisaje, de respirar aire puro, de reírse a carcajadas, de llorar cuando tenemos ganas. De disfrutar los cumpleaños, de querer vivir muchos años más sin quejarnos tanto, sabiendo perdonar, pudiendo ser.

Mi hermana representa el amor propio, la lucha constante.

¿Por qué ella? Porque es ella la que nos enseña día a día a Amar y Vencer.