Mi historia

Jorgelina Cabral

Ciudad de Buenos Aires

Soy Jorgelina, tengo 49 años y hace siete años tocándome sin querer una de mis mamas descubrí una bolita, nunca me imaginé que esa bolita terminaría siendo un cáncer de mama. 

Cuando me dieron el diagnóstico,en ese preciso momento, vi en mis pensamientos mi vida entera, la que había vivido hasta ese día, pasó por mi cabeza como una película. Pensé en mis hijos, en mi marido, en cuánto tiempo más iba a vivir. Lloré mucho, pero hubo algo que me cambió de repente, mi médico me miró a los ojos y me dijo: mírame bien, te voy a decir algo, te prometo que te voy a curar y que no te va a a doler. A partir de ese día cuando salí del consultorio sentí que era otra persona, confié en mi médico. Recuerdo que en esa época estaba estudiando una profesión que tenía pendiente en mi vida, unos días antes de mi cirugía estaba rindiendo un examen, estaba tranquila porque a partir de ese momento, cuando sentís que el mundo se te derrumba encima, de golpe te sale una fuerza interior que no sabés de dónde la sacás y salís a pelearla como toda una guerrera. Y así lo hice, con el apoyo de toda mi familia que me ayudó y me acompañó en ese duro momento. Mi marido que estuvo a mi lado siempre y mis dos hijos que me hacían sacar fuerzas de donde no sabía.

No fue fácil, luego de la cirugía vino el tratamiento, la quimioterapia, los rayos.

Recuerdo que al poco tiempo de mi primera quimioterapia venía el día de la madre, yo ya estaba pelada, y esa mañana mi hijo varón me sorprendió todo peladito con el regalo en la mano y me dijo: mamá en esto estamos juntos. Lloré de emoción. Él en, esa época, tenía 17 años y le encantaba usar el pelo largo.

Fue un camino largo de recorrer y también un tratamiento largo, pero traté de transformar lo negativo en positivo. Por ejemplo, siempre, antes de entrar a una sesión de quimioterapia, me iba a un bar y me pedía una de mis tortas favoritas. Además, mientras me pasaban la quimioterapia, aprovechaba para estudiar sobre mi carrera hasta que me quedaba dormida.

Hoy sigo con mis controles y ya nunca más voy a ser la misma de antes, porque para mí la vida tiene otro sabor, la vivo a pleno, cosa que me costaba.

Aprendí mucho, la enfermedad vino para avisarme algo.

Hoy respiro el momento.




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