Siempre de pie...

Maria Cristina Esquivel

Pehuajó, Pcia. de Buenos Aires

Cierto día comencé con una molestia en la mama derecha, me palpe y sentí un bulto, pero nunca fui a hacer la consulta al médico, continúe mi vida “normalmente“, como  que a mí me parecía, porque las dudas me invadían y me ganaron. Fui al doctor a comentarle lo que observaba, él de manera urgente me solicito ecografía y mamografía mamaria. El día que me las hice quedó marcado en mi vida, ese día pensé que el mundo se me terminaba cuando me dijo: "Mamita, esto es cáncer, hay que sacarlo ya".

Mi cabeza se trabó, lo primero que se me vino a la mente fueron mis hijos, mi marido y mis nietos, el pensar que sería una molestia para ellos. No quería darles trabajo, la angustia me ahogaba, el no expresarme me caracteriza y el silencio duele.

De manera rápida llegó el día de la cirugía en la ciudad de La Plata, los pre-quirúrgicos y trámites hicieron decaer aún más mi estado de ánimo, sentí que era una carga para mi familia, verlos ir de un lado para otro y dejando su familia en Pehuajó. Pero ellos siempre estuvieron presentes, sosteniéndome, como también los que estaban lejos a través de llamadas y mensajes, antes y después de entrar al quirófano. Agradezco a la vida de tener amigos y una familia de primera.

En la cirugía me sacaron un nódulo cancerígeno y 7 ganglios enfermos. Gracias a Dios todo salió bien, mi recuperación fue rápida y pronto volví a mi casa, en Pehuajó.

Pese a esto, hace 7 meses que mis miedos y angustia continúan. Las noches se me hacen interminables, un pensamiento me tiene atrapada: “mi familia, lo que más quiero en el mundo”.

Hoy pienso que soy la única responsable por no haberme hecho nunca controles, por no haberme querido un poquito más y ocuparme de mi salud, que a los 66 años conocí personalmente un mamógrafo y un ecógrafo.

Pero bueno, ya está, es una lección difícil que estoy rindiendo, pero voy a aprobarla. Gracias a la ayuda de Dios, a los médicos, al centro oncológico de mi ciudad y a su personal, que me atienden de maravillas, y a los amores de la vida: Tito (mi marido), Rosana y Roberto (mis hijos).

 De pie, esperando que esto pase.