Resiliencia en primera persona

Autora: Ruth Geiler Ilustradora: Eliana Iñiguez

Cáncer. Palabra con carga tan negativa. ¿Por qué yo?

2007 un tumor de mama. Dos operaciones y rayos.
2010: ¿ahora, por qué? Tumor más agresivo en el mismo lugar. Única opción extirpar pecho. Lágrimas, dolor, impotencia, enojo, angustia y una decisión: vivir. Sería capaz de afrontarlo.

Esperaba no requerir quimioterapia, me equivoqué. Tras perder el pecho, era el turno del cabello. En un momento determinado me sentí una muñeca. Para ir a dormir me quitaba peluca, las cejas postizas, veía que me faltaba un pecho y, casi como la "mujer biónica", pensaba que en cualquier instante me quitaría la pierna y la apoyaría al costado de la cama antes de acostarme, para volver a poner todo en su lugar a la mañana siguiente. 

¿Por qué a mí? ¿Por qué no? ¿Por qué ahora? ¿Por qué no?

Lágrimas, más que las que creí tener. Reaccioné. Decisión: no dejarme vencer, soy fuerte, puedo ser ejemplo para mis hijos de cómo se debe vivir. Difícil aceptar lo que había que hacer, drástico, radical y necesario. Admitir que sola no podía. He llegado a compararme con un caballo, que por sus anteojeras, sólo tiene la posibilidad de mirar adelante. Ese es el único modo de avanzar. Cada mañana elegí la imagen que quería vieran de mí y me construí frente al espejo: ducha, elegir el pañuelo, las extensiones, pegar las cejas, maquillarme y no parecer jamás enferma. "Muerta antes que sencilla".

Mis hijos se comportaron como gigantes. Aldo, dueño de mi corazón, estuvo a mi lado a pocos minutos de recibir la noticia. Compartimos lágrimas, impotencia, dolor y la incertidumbre de lo que aguardaba. No dejó de alentarme. Un partido: "Ruth vs cáncer", y obviamente, él era el barrabrava que más hinchaba por mí. Sus caricias, palabras de amor, la contención y el seguir haciéndome sentir femenina pese a la falta del pecho, del pelo y mis angustias. Sus frases: "estás hermosa", o "te quiero", así como aquellos "para mí estás igual o más hermosa", eran una inyección de vitalidad. El "dejate de joder, vos podés", se convertía en un empujón cuando creía flaquear.

El cáncer es sanador, dijo Pilar Sordo. Si uno sabe capitalizar la enseñanza, el cuerpo y la mente sanan. Estoy de acuerdo. "Tiempos de hacer nada” han sido necesarios y sanadores. Dedicar horas a la pintura. Cada momento frente a la tela ha sido como una sesión de meditación. Escribir también fue catártico. La vida se volvió más interesante de lo que creía.

¿Perdí un año y medio de mi vida en tratamiento? De ningún modo, gané un año y medio para conocerme y permitirme disfrutar de tantas cosas que tengo, que pasan. ¿Era necesario enfermarme? Evidentemente sí.

¿La enfermedad se llevó un año y medio de mi vida, mi pecho, pelo, cejas, pestañas o me enseñó a disfrutar lo que realmente es pasar por esta Tierra? Hoy agradezco a la vida y a mis ángeles –papá y Aldo- que me cuidan desde el Cielo. Yo preguntaba, por qué y para qué: para que pudiera darme cuenta de todo esto.