Remando por la vida

Autora: Jessica Trumper Ilustradora: Robertita

Cuando descubrí el remo me sentí feliz. ¡Al fin un deporte que me gustaba! No requería de grandes habilidades, solo buena coordinación.  Era hermoso los fines de semana salir al río y remar hasta la isla del club, en Tigre, donde el aire se purificaba sin filtro alguno.

La recompensa era almorzar un rico choripán o un buen plato de pastas. Eran épocas donde no engordábamos, gracias a la genética de los sub 30.

Remábamos con mi amiga Matilde, las dos solas, sin timonel. Éramos audaces y el río nos acompañaba, siempre protector. Fueron varios años hasta que un día dejé por distancia, falta de tiempo y otras razones más que apenas recuerdo.

Pasó  largo tiempo pero confieso que cuando veo un bote en movimiento, en cualquier lugar, me produce una gran nostalgia.

Ahora me doy cuenta de que para remar no hace falta estar en un río, ni tampoco subirse a un bote. Se rema de muchas maneras en la vida. Remamos constantemente sin darnos cuenta, en forma casi autómata. Se reman dolores físicos. Se reman sufrimientos amorosos. Se reman problemas familiares. Se reman enfermedades. Se reman profesiones. Se reman trabajos. Se reman momentos difíciles. Se reman economías inestables. Se reman países del tercer mundo.

Se reman diariamente tantas cosas que no tienen nada que ver con un deporte pero que requieren de mucho esfuerzo y dedicación. Quizás las que aprendimos a remar en un bote estemos más preparadas. Tal vez no.

Hace dos años atrás, la invitación para formar un grupo de remo compuesto por sobrevivientes de cáncer de mama apareció de la mano de mi amiga Matilde. ¡Otra vez remando juntas!  ¿Casualidad? ¿Destino? ¿Cartas marcadas? Y que sea precisamente el mismo club en Tigre, quien generosamente nos abrió sus puertas e instalaciones para que empecemos a practicar con nuestro equipo de remo, al que llamamos Rosas del Plata, le da un toque místico a toda esta experiencia.

Somos mujeres remadoras de la vida. Que nos reunimos para disfrutar de la naturaleza y del ejercicio, lo que nos da un doble beneficio. Mejora nuestra salud y fortalece el alma. 

Estamos orgullosas de difundir en los ríos nuestra causa. ¡Se puede! 

Contagiamos alegría y esperanza a quienes están pasando por ésta enfermedad. ¡Remos arriba!. 

Somos una prueba viviente de que se supera. ¡Todo pasa!  

Estamos juntas en un mismo bote. ¡Hay equipo!

Rema y rema. Nunca bajes los brazos, siempre empuja para adelante. Rema y rema. Aunque la corriente sea dura. Del otro lado se ve la orilla. Rema y rema. Primero aparecerá como un punto muy lejano, apenas visible. Pero luego se irá acercando. Rema y rema. Nunca te canses de intentarlo. Vale la pena. Rema y rema.

Y cuenta la leyenda que el mesías llegara algún día en un bote remando con palas rosas.