Cáncer a 7500 km de distancia

Autor: Denny Oberto Rodríguez Galeano Ilustradora: Filigrana de Ideas

Caracas 14 de noviembre, día del cumpleaños de mi mamá. Mi hermana Dayana, que está desde hace 8 meses en Buenos Aires, me manda un mensaje para que me comunique con ella. Mentalmente le respondo que se quede tranquila, que mamá está bien y que va a celebrar el cumpleaños el sábado en compañía de la familia. 

Cae la noche, me dispongo a dormir y suena el teléfono de la casa. Es mi hermana, que después de saludarme me dice con voz entrecortada: tengo cáncer de seno. Son 7.500 km que nos separan pero aún así nuestro pensamiento es el mismo y se plasma simultáneamente en la misma frase:  ¿qué le vamos a decir a mamá?

Sé que mi hermana no me miente: no desconfío de ella ni los médicos que la vieron, mucho menos de los exámenes realizados. Llorar, al menos a mí, me sirve de poco y nada. Mi hermana me llamó y confió en mí, y espera, sollozando del otro lado del continente, una palabra de aliento para continuar y evitar que el mundo se le venga abajo. Yo no dudo ni un segundo y mi respuesta es automática: de esta salimos como familia y si me tengo que ir a Buenos Aires, me voy. Esa fue la piedra sobre la cual construimos el camino para comenzar la lucha y vencer al cáncer. 

Es de noche y no puedo hacer mucho más que buscar refugio en la fortaleza de mi esposa que nos brindó su apoyo todo el tiempo. Al día siguiente y durante el siguiente mes inicio todo el proceso: avisar en el trabajo que me voy y no sé cuándo volveré (y si es que vuelvo), buscar pasaje de avión, dejar todos los trámites posibles resueltos, buscar información de Buenos Aires: clínicas, hospitales, grupos de apoyo, contactar a amigos y conocidos de mi hermana en Argentina, Alemania y el resto del mundo (es una generación de inmigrantes). Buscar alternativas en Venezuela por si no se puede hacer el tratamiento en Buenos Aires, continuar con mi día a día, buscar grupo de apoyo para mí, escuchar a la distancia los exámenes, resultados, diagnósticos y tratamientos propuestos a mi hermana; comunicarme con mi otra hermana y primas para hablar de lo ocurrido y avisarle a mama: un momento difícil decirle a mi madre que mi hermana tiene cáncer. Pero mi madre, al igual que yo, entendió y se activó comprendiendo que el cáncer se ataca con acciones. Y sí, llorar al menos una y hasta dos veces antes de  partir al gran y hermoso país del sur que me recibió con las puertas abiertas, con médicos, enfermeras, especialistas, amigos y desconocidos que pusieron su sabiduría, buena fe, amor, paciencia, conocimiento, granito de arena para que mi hermana pasara por los ciclos de quimioterapia, operación, más quimioterapia y tratamientos. Para que ella combatiera y venciera el cáncer. 

Hoy, 5 años después de aquella llamada, seguimos acá, en Argentina, junto a mi esposa esperando tener hijos para contarles algún día como un cáncer a 7.500 km impulsó a que nacieran en este país, el país de la carne, del mate, del dulce de leche y de grandes  personas que por siempre estarán en nuestro corazón.